viernes, diciembre 23, 2005

ESCUPITAJO A LA CARA DEL TIEMPO

Se paro del sillón y camino por la habitación, confundido y nervioso. El reloj en la pared estaba atrasado en diez minutos. Prendió el televisor y apretó el botón del control hasta llegar al canal de las películas. El teléfono sonó. Levantó al auricular y preguntó que quién era. Nadie respondió desde el otro lado. Corto suavemente sin darle importancia. A fuera era un día gris y frío y el ruido de los autos era insoportable: bocinas, gritos, ambulancias, todo seguía en el orden rutinario de los acontecimientos diarios. Puso música. Las notas de la canción irrumpieron melodiosamente en la habitación. El silbido de la tetera sonó largamente y una nube de vapor broto desde la parte superior de esta y empaño la ventana que estaba junto a la cocina. Camino hacia la cocina y tropezó con una columna de libros que había dejado la noche anterior. Se puso los lentes mientras avanzaba mirando hacia el suelo y levanto la vista al reloj de la pared, estaba atrasado en quince minutos. Apago la tetera. Tomo el tarro de café, abrió el cajón, saco una cuchara, un plato y una taza. Abrió el tarro con dificultad, saco una gran cucharada de café y lo deposito en la taza. Levanto la tetera y vertió el agua hasta el tope. Se quemo un dedo y la taza resbaló, golpeó contra la cocina, el levantó el pie para esquivarlo, y la taza cayó al suelo produciendo un sonido agudo que se complemento con la confusión y el ruido indolente de el universo que caminaba ciego hacia su destino. Se sacó los lentes y los tiró al piso. Giro la llave y puso su mano bajo el chorro fresco de agua que salía interminable. Sonrío. Observo la planta, que estaba junto al lavadero, con el macetero lleno de agua y con un pétalo blanco que había caído en la tierra un poco seco y marchito. Como un hombre absorto frente a la muerte miró por la ventana y el día seguía gris y frío. Suspiró largamente y se rasco la cabeza, bostezo y miro su árbol preferido, el que siempre observaba cuando quería inventar un poema o una historia, exhaló tranquilo. Era tarde, siempre salía tarde a todo, a excepción cuando era más chico y llegaba temprano. Tomó su bolso, las llaves, las monedas y colocó su billetera en el bolsillo del pantalón. Abrió y cerró la puerta. El cambio de ambiente le produjo un escalofrío, seguidamente estornudó. Pasó llave, esquivó el auto de la entrada, las espinas del limón y las ligustrinas. El viento se deslizo suavemente, traía consigo un envoltorio de chocolate que patio con furia y sin remordimiento a la casa del vecino. Camino sin prisa mirando el cielo y los arboles. Siempre que pasaba por ahí intentaba realizar una descripción precisa del lugar que pensaba utilizar en algún cuento o historia. Siempre estaba escribiendo, en todas partes. Su imaginación se colaba por los espacios de la realidad y él dejaba entrar las imágenes y los personajes a su cabeza, sentía felicidad de escribir en su mente este tipo de cosas, se sentía feliz porque era capaz de asimilar la vida. Vio a un perro que tenía manchas blancas y negras, con unas orejas largas. El perro levantó la cabeza y lo observó, el hizo lo mismo. Paso por al lado esquivándole. Llegó hasta la esquina y doblo hacia la derecha, miro las casas que le parecían horribles y vio pasar el micro que le servia, aun mas tarde iba llegar, aun mas tarde el mundo giraba, si a al sol, oculto tras las nubes no le importaba, a él tampoco. Llego al paradero y se sentó, la mochila le incomodaba, así que se la saco. Miro los autos que pasaban rápido y se caían a un hoyo que estaba en la esquina, en la intersección de las calles, que en los días de lluvia, el agua, arrastraba en su cauce todo tipos de cosas, aun en verano de vez en cuando pasaba agua por aquel lugar. El sol apenas se dejaba ver tras las nubes que chocaban desprevenidas y se perdían en nuevas figuras que mejoraban el aspecto del cielo y lo hacían más interesante, como una pintura abstracta, a veces las imágenes eran tan reales que se preguntaba si ellas encerraban un misterio o algo desconocido. El micro venia en camino por la calle principal. Se levantosaco su carnetescolar y la moneda y subió apurado. Se sentó frente a la puerta trasera en un asiento alto.