miércoles, diciembre 10, 2008

EPITAFIO LITERARIO

Parecía el dibujo calcado de la silueta de alguien que parecía vivo. El humo de las palabras irritó sus ojos. Creía tener héroes que vivían en sus tumbas y que colgaba ordenados por orden alfabético. Algunos muertos otros que aun vivían. A algunos les hubiera disparado y otros les habría arrancado el corazón de papel roneo. Podría haber arrancado páginas enteras o escrito alguna buena historia que a algunos les podría haber parecido triste, pero no tenía pena, ni sentimientos de tipo cliché. Silenciosamente dibujó la palabra amor con su letra ilegible.


En la pared colgó una bandera de un comandante y el cintillo de un general, pero no creía en la guerra. Esparció sus amigos por sobre la cama y todos tenía la piel plastificada y tatuada letras con tipografía estilo asesino. Algunos tenían nombres de países extranjeros que se colgaban del mapa en alguno de sus extremos. Usaban el tren Fedex o Correos Chile los llevaba a cualquier parte, pero en su interior no se leía ningún remitente, eran libres, porque así lo quisieron. Y dicen que querer es poder, pero el poder lo tienen unos pocos y esos son los que hacen lo que quieren.


Miró la hora, pero nunca le importó el tiempo. Destruyó los calendarios y olvidó las fechas importantes. En cierto modo tenía estilo, como los lápices, los autos y las modelos (JA). Como comandante de sus días manejaba las situaciones con alegría, esquivaba el mal tiempo con su capota de torero que usaba de paraguas. Era un escultor de sonrisas. Dejó de soñar sólo en las horas de sueño, porque dormía poco. Sabía muy bien que dormir no era soñar y que soñar, en cierta forma, no era vivir. No consideró los anuncios de los diarios ni las caricaturas tan de moda. No esperó que la astrología le predijera los números en los que debía apostar ni el color de ropa que debía usar. Siempre tuvo una carta bajo la manga. Era un buen apostador con las fichas de colores, tuvo suerte en el Texas Holdem y la ruleta rusa se la envió de encomienda a Dostoievski, con un mensaje que decía, “buena suerte, compañero”.


En cierta forma era un tipo normal, podría haber sido un loco, un genio o un idiota. Si le hubieran preguntado, habría marcado las tres opciones en el test sicológico de alguna entrevista de trabajo y probablemente, la sinceridad le habría costado el puesto. Y no es que le gustara llegar en el primer lugar, los flashes del triunfo le parecían artificiales, como las luces en el hall de un hotel 5 estrellas, como la luna en algún dibujo animado de ayer y de hoy.

martes, octubre 14, 2008

El TAO DE LA VERGUENZA

En la tele están dando unos tipos expertos en Kun Fu que levantan pesas con sus órganos sexuales. El mundo esta loco. Dónde esta la sabiduría del arte marcial. Donde quedó el Tao. Estoy decepcionado, Bruce. Estoy tan decepcionado como con las películas de Van Damme. Ya no quedan héroes de acción. Ahora todos son millonarios y manejan autos del año, están perdidos y encerrados de por vida en sus cárceles con barrotes de oro. Ahora ni siquiera soporto las películas de acción. No soporto las explosiones en el cine, ni ese ruido maldito, que siempre es el mismo, que te hace saltar del asiento, es como para decir: “vámonos, ahí va de nuevo, esta es otra de esas”. Ahora prefiero a los héroes de la no acción, que siempre son pobres y no manejan autos y la mayoría esta muerto o a punto de estarlo. No levantan pesas. Ni son fisicoculturistas. Pero tienen pelotas como para mover una montaña. Son más fuertes que Mahoma. Quédense con su Beijin. Quédense con sus medallas de oro, plata y bronce. Quédense con su comunismo-capitalista y con sus cadenas de producción de mil cosas que no sirven en un segundo. Déjenme los “alollados plimavelas” y los wang tang. Denme salsa de soya.

jueves, noviembre 15, 2007

ESCRIBIR E INTENTAR VIVIR

Para escribir se necesita un poco de todo. No todos lo hacen bien, o lo hacemos. Una de las claves es que hay que seguir intentándolo, intentando encontrar tu propia voz o tu propio algo, algo que debe ser tu bandera, tu forma. Siempre están las influencias, cómo no. Todo es una influencia que hace lanzarte a la primera línea escrita que alguna vez escribiste, alguna vez. Siento, que escribir en parte es liberalizador, expresión necesaria. Necesaria como el alimento o cagar. Dos cosas necesarias. En el caso de que no puedas comer o no tengas plata para hacerlo, siempre hay algo que te ayuda a sobrevivir, la caridad, animal en peligro de extinción en la gran ciudad, o suerte o algún basurero. La basura ayuda. Siempre hay alguna opción. En el caso de que no puedas cagar, hay té de algo, pastillas, mermelada o algo, hasta chocolate, como no recordar cuando chico confundir ese chocolate con el otro. Quiero decir que a pesar de las barreras a las que uno se pueda enfrentar, siempre hay una salida, incluso artificial o ridícula o triste o verdadera, siempre. Imagina que la próxima palabra será la mejor, y aunque no lo sea, créelo. La fe es una buena señal si sirve para expresar, el instinto también lo puede ser. O las ganas o cualquier cosa. Excusas sobran. No te dejes abatir por los comentarios, muchos no entenderán. Si alguien se identifica con lo que escribes, ya esta hecho. Incluso si sólo eres tú, si tú lo crees tarde o temprano alguien lo creerá.

miércoles, agosto 01, 2007

ELVIS ESTA VIVO

Miro a Elvis en la tele, la clásica cortina musical da el comienzo al show. Imagino que los aplausos son adictivos, algo tan simple como el contacto de las manos con alegría y admiración pueden ser la perdición, y esta claro, que es mejor recibir golpecitos en la espalda que unas buenas y merecidas patadas en el culo. Menos mal que no recibo aplausos, ni salgo a un escenario. No quiero que me vean gordo y viejo, no tiene que ver con la superficialidad, ni la banalidad del cuerpo, ni de la edad, aún soy joven. Tan aprendiz y tan sabio como siempre, neófito y erudito de las letras, escribo esto desde la experiencia, pero nunca he recibido aplausos, y no quiero escuchar que alguien me diga hasta donde podría haber llegado. Ahora anuncian la fecha de la muerte de Elvis, y afirman los mitos en torno al héroe, el rey, el ícono. Yo nunca he recibido aplausos, ni gritos, nunca he dado un autógrafo, nunca he perdido de esa forma, nunca he ganado en otras. El azar es un juego mágico y es por arte de magia que ocurren ciertas cosas, pero no creo que la magia sea un arte, sólo creo en el arte como expresión, que en su totalidad es sinónimo de vida, y no creo en la magia porque a menudo resulta un ejercicio barato de engaño. No se si soy mago o artista, pero estudie para ambos en las cátedras de la vida, y como dije antes, nunca he perdido de esa forma, aunque las formas cambian y se adaptan, al menos eso espero, acá sentado en mi cama con una botella de cerveza a un costado.

viernes, septiembre 01, 2006

NOD

El primer golpe lo sintió en la boca y la sangre brotó de su labio roto. Aun así siguió. Adelante siempre adelante. El segundo golpe casi lo tira al suelo. Le desordenó el pelo y lo hizo cambiar de posición. Se apoyo en las cuerdas. Toco sus piernas que no las sentía. Intento dar un paso y salir al encuentro. Con su short rojo y su torso transpirado. Un ojo cerrado y por un segundo los dos. Tenía la sangre de su labio sobre su pecho. Sus marcados abdominales parecían contraídos, esperando con la respiración adentro el próximo golpe. Nunca dijo que era valiente, pero si había que pelear para eso estaban las manos. Para pelear y escribir, siempre con la mirada al frente, aunque costara ver bien, aunque las piernas se doblaran o la sangre cayera por su cuerpo. Aunque tiraran la toalla. Aunque esperara en una esquina sin poder respirar. Aunque no escuchara las instrucciones, aunque no supiera pelear. Ahí estaba, con la cabeza en alto y la mirada perdida. Pero no le dolía, él no estaba allí. Las voces de la gente, las caras, los asientos, las luces, la campana. Nada. Así es, nada. Y vinieron más golpes y sus brazos arriba parecían no protegerlo.

martes, julio 18, 2006

APUESTO A QUE TÚ TAMBIÉN APUESTAS

Cuando pienso en las apuestas me acuerdo de Dostoievski y su libro el jugador. Recuerdo, además que a mi también me gusta la ruleta rusa. Cuando pienso en las apuestas, pienso en el póquer y en Fante, y recuerdo el póquer en la televisión y en las películas, a mí también me gusta el póquer y Fante y Dostoievski. Cuando pienso en los caballos pienso en pelos y transpiración y mal olor, y en caminar como vaquero después de montar uno. Cuando pienso en los caballos me imagino a los mapuches viendo por primera vez a un español subido en uno. Cuando pienso en los caballos, pienso en las corridas de toros y a ese jinete que entierra esa lanza en el cuello del toro antes de empezar la corrida, para cortarle el nervio del cuello al toro e impedir que mantenga la cabeza demasiado levantada como para herir al torero. Cuando pienso en los caballos, pienso en las carretas, y en lo incómodo que es subirse en una. Cuando pienso en los caballos pienso en los vaqueros y en los indios, en disparos, en muerte y en el cuero cabelludo. Cuando pienso en los caballos y tengo hambre, pienso en el charki y en su sabor salado, y cuando parte de él esta en mi boca, ya no pienso en ellos.

domingo, mayo 07, 2006

SIN CITY NI PUERTO

Me canse de clichés literarios. Me canse de la palabrería absurda y sin sentido. Me canse de ti, de mí y de yo. Me canse y me aburrí de todo. Que negativo, que positivo. Que nada. Que todo. Olvido, recuerdo, blanco, negro, cura y ateo, quien es más intolerante. Tú, seguramente tú. Yo, seguramente yo. Soy un gusano que se arrastra y teme vomitar la sustancia de su vida. El sueño, el sueño, el sueño se duerme y no quiere despertar, tiene pesadillas. Yo ya no duermo no sueño y no tengo pesadillas, sí pastillas para dormir. Ya no tengo espejos donde mirar, sin afeitar, sin despertar.

Me canse de los versos de la vida y de la prosa de la muerte. Me canse de los malditos y de los que beben su sombra. Estoy sin city y sin puerto. Me gustaría coronar la vergüenza y la timidez, me gustaría vestirla de sonrisa de luna extraña y luego olvidarla. Y no es rima ni verso ni prosa. No es bueno, ni malo, ni más o menos.

Y debería escupir mucho y cortarme las venas. No hay diferencia entre lo uno y lo otro. Para mi es lo mismo, como la luz y la sombra y tu enemiga. La sonrisa que se quiebra como un pétalo en la mano mientras quemo el horizonte en una foto, y despliego mis encantos en un cuadro, y me arropo con el desconsuelo y me desnudo con el llanto.

martes, febrero 28, 2006

KARMA FUTURISTA

El vaso cayó de la mesa en forma ruidosa y al estrellarse con el suelo los pedazos se repartieron por toda la habitación. Él se levantó y miró el diario de la semana pasada, lo tomó y lo tiró contra la pared. Todo seguía como siempre. Las cosas no mejoraban. El mundo pasaba y giraba en su eje eterno, en el oráculo de su inefable indolencia. A él no le importaba. Puso un disco compacto en el equipo, un poco de música ayudaría en algo, la morfina de los sonidos aliviarían el ruido incesante de la vida. Resultaba fastidioso escuchar el sonido de una vida carente de alegría, el ruido artificial, las notas de una composición triste mejorarían el monótono sonido del aburrimiento, el de las agujas del reloj apuntando la hora final, al minuto exacto, a la oportunidad de perderlo todo, que ya era casi nada. El polvo y las ideas permanecían inmóviles, agonizaban en el último respiro en un mundo de caos y miseria, olvido y necedad, de dolor. La esperanza estaba tirada en la mesa a punto de caer, yacía olvidada en un recuerdo lejano, sin posibilidad, sin una pizca de fe, de sueño o de algo. Al instante se escucharon los primeros acordes de la triste sinfonía de Sibelius, el blues de la música clásica. Olvidó, enseguida, el calvario de la vida. Los clavos del destino aún lastimaban su piel, vieja de tanta melancolía. Los recuerdos no dejan vivir a un hombre, pensó, y luego, una leve sonrisa salió de su boca y una lágrima brotó interminable de su ojo derecho, se depositó en su labio. Tocó su corazón que latía lentamente, angustiado imaginó el segundo de vida donde el dolor se hace más grande que cualquier cosa, incluso más grande que la muerte e igual de desconocida, la incógnita, la “x” al final del túnel de la vida o al comienzo de la carretera de la muerte. Prendió un cigarro e inhaló profundamente, desesperado, intentando encontrar algún recuerdo entre el humo azul, en el olor amargo del tabaco y la nicotina plasmada en su camisa y en su boca. Tomó un libro, pero el libro pasó por sus ojos. Nada retuvo su interés. Miró los rayos del sol que traspasan la espesa cortina color mar, e imaginó una vida perfecta, la cruel dicotomía entre ser creativo o ser feliz. Afuera el viento azotaba los arboles con furia, con su arrogancia de dios invisible, las nubes giraban en éxtasis y en su ir y venir dejaban el recuerdo de su fugitiva estancia. Caminó muy despacio hacia su computador, aún con el pesado libro entre sus manos. La ceniza del cigarro en su boca caía sin detenerse y se depositaba en el viejo piso del lugar. Se sentó junto a la ventana e intentó escribir un poema lleno de dolor, un poema de sacrificio. Pensó en un tipo solitario en un bar oscuro. Muy pocas personas a su alrededor. Todos fumando. La escasa iluminación perdida entre botellas semi-vacias, vasos reflejando extrañas figuras en la mesa, un borracho cantando fuera de tono una canción triste. Las palabras fluían de su cansada cabeza, pero algo se había ido. Sus manos apenas podían llevar las ideas al papel, el maravilloso fruto de su imaginación caía podrido junto a su pies. Abrió un cajón y sacó una botella de vino barato hasta la mitad, su mano, la izquierda, se agitaba levemente sin control, trató por todos los medios de afirmarla, pero no pudo. Giró la tapa y vertió un poco al suelo sin darse cuenta. El vino tenía un color espeso, parecía una porción de fuego, el rojo era intenso y se hacía más oscuro al final de la botella. La levantó y observó su color a través de la escasa luz de la habitación, a pesar de que sus ojos estaban mirando hacia adentro, ensimismado, emitió lo que probablemente era una frase contra el mundo, agotado de una vida de sufrimiento, cansado a morir por la suerte de su destino, se dio cuenta que nadie en su casa, en la ciudad, ni en el mundo entero habían escuchado la frase que salió de su alma y pensó: La mejor poesía es la que esta en la cabeza de un hombre, es la que se escupe en una caminata al atardecer, en un patio trasero, en un día nublado de primavera, en un sábado de lluvia, con el áspero sabor de la pena recorriendo como un prófugo los extensos pliegues del alma, en el descuidado y maltrecho porvenir de una vida ficticia, sin la posibilidad escrita ni siquiera en las estrellas; sin embargo, él no creía que un planeta, una estrella o una galaxia, pudieran marcar el compás de su vida. El universo caminaba confuso en su rítmica agonía, en su destino inamovible. En ese momento escupió al cielo sin alcanzarlo, el que había estado esquivo desde su nacimiento no se dio cuenta de su existencia y siguió el orden de su matemática ironía. Que distinto pasa el tiempo, el suave y agotador andar del reloj de la vida de los soñadores, de los artistas, pensó.

jueves, febrero 16, 2006

MUERDE LO ABSURDO

Y busca tu estilo, muerde lo absurdo, canta si quieres, a mí a estas horas no me molestes. No en este momento, cuando escribo sin polera y sin corazón.

Mi alter ego

Y miro las luces y las sombras que se dibujan en la calle, imágenes que se pierden y se encuentran a medida que los pasos y el tiempo hacen su duelo, mientras los sueños se arrastran a mi lado, agónicos, desangrándose lentamente con su destino escrito en la frente. No intento mirar hacia los lados, ni siquiera hacia adelante, miro el suelo, las luces y los papeles que contaminan las calles se alimentan del desorden y la suciedad que nos rodea, e imagino un cuadro, imagino que soy un invitado que errante avanza por el lienzo de la vida, con tanta luz y tanta sombra como es posible. Y la basura es mi compañera, mi amistad envuelta en tierra, en luna volcánica, en espejos rotos de la inconciencia, en la plenitud de la venganza solar , es así , nada mas que respiración y llanto, es así, nada más que la vida, la cruel invitada, que se coló como el súbito aliento de lo desconocido sin preguntar.


Mientras avanzo pausadamente, rítmicamente, armoniosamente junto al olvido, los recuerdos son pequeños sueños que ya no percibo, que pasan a través de mí, y no es que no quieran quedarse, los esquivo como un torero frente a su toro en mi hora de la verdad, que es una simple mentira que pretendo alzar como bandera, cono icono de mi indolencia.


Y es así como descubro mi ser inmerso en la vida, es como escapar de un sueño donde la movilidad se rompe y los aviones de fuego hacen su ruta; es como despertar, abrir los ojos y respirar. El espíritu se cuela en el espacio que antes había abandonado, algo que el tiempo y la rutina fueron destruyendo poco a poco, esa incapacidad de ver con los ojos rotos y el corazón abierto, es el milagro del profeta perdido en el desierto del tiempo, sin tentación que abolir ni reinos que proselitar. Y es de improviso, como los acordes de música que suenan en mi cabeza, y aquí no hay aviones, sólo palomas que comen un pan duro frente a vagabundos tirados en el suelo que no han comido desde anoche


sábado, diciembre 24, 2005

DÓNDE ESTÁ MI PUTA LUNA

La noche estaba cálida, él, sin embargo, sentía frío. Las estrellas permanecían inmovibles y acompañaban el rítmico movimiento de sus pasos, el compás de la eterna sinfonía de los solitarios, que se traduce en esa incansable hiperactividad que tienen ciertos soñadores. Mientras avanzaba despreocupado, iba inventando su próxima historia, intentaba ser un escritor. Disfrutaba la caminata, la asimilaba, la degustaba y la escupía sin remordimientos. Cada metro que avanzaba era un pequeño sorbo de vida que tragaba con cierta indiferencia, con cierta amargura. El aire que corría rebelde junto a él no le importaba. En su camisa llevaba el cuadernillo donde anotaba todo lo que venia a su mente. Una larga lista de poemas, descripciones y de ideas se mezclaban con la indolencia a los horarios y a la rutina. Indiferente al aburrimiento camino en forma pausada tratando de asimilar la vida, citaba poemas que improvisaba y observaba la luna lejana y distante en su monótona órbita, en la exactitud de su perfección y la inmedible belleza extraña que ejercía. Respiró profundamente y levantó la cabeza al cielo, su mano en forma de puño era la señal de victoria, la luna lo había logrado, se mantenía inmutable y respiraba. Le dedicó un verso escondido y olvidado. Arriba las ampolletas proyectaban una luz tenue, casi mística. Tomó su libreta y anotó una detallada descripción del lugar. Una mujer pasa apurada a su lado con la cabeza mirando el suelo. La calle se hacia interminable y él disfrutaba cada segundo de esa pequeña eternidad. Guardó su libreta en el bolsillo de su arrugada camisa y el lápiz cayó a un costado de la vereda, con dificultad se acercó a recogerlo. Los árboles se movían suavemente y con disimulo dirigiendo su camino. El viento vagaba incoloro y ajeno, y el recuerdo de la primavera era arrastrado desde un remoto lugar. El olor a tierra mojada de esa noche lo llevó a las tardes que pasaba en su jardín cuando era un niño, jugando hasta el cansancio e imaginando extrañas historias, recordando sueños que se repetían día tras día. Algo se había ido, algo se diluía rápidamente entre sus manos, era la esperanza que se evaporaba. El mundo era un lugar cruel donde vivir, donde matar el tiempo, donde asesinar los segundos que pasaban indiferentes a través de sus ojos. Los recuerdos estaban ahí, pero se odio a sí mismo al sentirlos tan cerca. Se detuvo en una esquina y miro hacia todos los lados. Se agacho y se sentó en la cuneta. De pronto respiro el aire de esa tarde que moría, que se había transformado en noche casi sin quererlo.

viernes, diciembre 23, 2005

ESCUPITAJO A LA CARA DEL TIEMPO

Se paro del sillón y camino por la habitación, confundido y nervioso. El reloj en la pared estaba atrasado en diez minutos. Prendió el televisor y apretó el botón del control hasta llegar al canal de las películas. El teléfono sonó. Levantó al auricular y preguntó que quién era. Nadie respondió desde el otro lado. Corto suavemente sin darle importancia. A fuera era un día gris y frío y el ruido de los autos era insoportable: bocinas, gritos, ambulancias, todo seguía en el orden rutinario de los acontecimientos diarios. Puso música. Las notas de la canción irrumpieron melodiosamente en la habitación. El silbido de la tetera sonó largamente y una nube de vapor broto desde la parte superior de esta y empaño la ventana que estaba junto a la cocina. Camino hacia la cocina y tropezó con una columna de libros que había dejado la noche anterior. Se puso los lentes mientras avanzaba mirando hacia el suelo y levanto la vista al reloj de la pared, estaba atrasado en quince minutos. Apago la tetera. Tomo el tarro de café, abrió el cajón, saco una cuchara, un plato y una taza. Abrió el tarro con dificultad, saco una gran cucharada de café y lo deposito en la taza. Levanto la tetera y vertió el agua hasta el tope. Se quemo un dedo y la taza resbaló, golpeó contra la cocina, el levantó el pie para esquivarlo, y la taza cayó al suelo produciendo un sonido agudo que se complemento con la confusión y el ruido indolente de el universo que caminaba ciego hacia su destino. Se sacó los lentes y los tiró al piso. Giro la llave y puso su mano bajo el chorro fresco de agua que salía interminable. Sonrío. Observo la planta, que estaba junto al lavadero, con el macetero lleno de agua y con un pétalo blanco que había caído en la tierra un poco seco y marchito. Como un hombre absorto frente a la muerte miró por la ventana y el día seguía gris y frío. Suspiró largamente y se rasco la cabeza, bostezo y miro su árbol preferido, el que siempre observaba cuando quería inventar un poema o una historia, exhaló tranquilo. Era tarde, siempre salía tarde a todo, a excepción cuando era más chico y llegaba temprano. Tomó su bolso, las llaves, las monedas y colocó su billetera en el bolsillo del pantalón. Abrió y cerró la puerta. El cambio de ambiente le produjo un escalofrío, seguidamente estornudó. Pasó llave, esquivó el auto de la entrada, las espinas del limón y las ligustrinas. El viento se deslizo suavemente, traía consigo un envoltorio de chocolate que patio con furia y sin remordimiento a la casa del vecino. Camino sin prisa mirando el cielo y los arboles. Siempre que pasaba por ahí intentaba realizar una descripción precisa del lugar que pensaba utilizar en algún cuento o historia. Siempre estaba escribiendo, en todas partes. Su imaginación se colaba por los espacios de la realidad y él dejaba entrar las imágenes y los personajes a su cabeza, sentía felicidad de escribir en su mente este tipo de cosas, se sentía feliz porque era capaz de asimilar la vida. Vio a un perro que tenía manchas blancas y negras, con unas orejas largas. El perro levantó la cabeza y lo observó, el hizo lo mismo. Paso por al lado esquivándole. Llegó hasta la esquina y doblo hacia la derecha, miro las casas que le parecían horribles y vio pasar el micro que le servia, aun mas tarde iba llegar, aun mas tarde el mundo giraba, si a al sol, oculto tras las nubes no le importaba, a él tampoco. Llego al paradero y se sentó, la mochila le incomodaba, así que se la saco. Miro los autos que pasaban rápido y se caían a un hoyo que estaba en la esquina, en la intersección de las calles, que en los días de lluvia, el agua, arrastraba en su cauce todo tipos de cosas, aun en verano de vez en cuando pasaba agua por aquel lugar. El sol apenas se dejaba ver tras las nubes que chocaban desprevenidas y se perdían en nuevas figuras que mejoraban el aspecto del cielo y lo hacían más interesante, como una pintura abstracta, a veces las imágenes eran tan reales que se preguntaba si ellas encerraban un misterio o algo desconocido. El micro venia en camino por la calle principal. Se levantosaco su carnetescolar y la moneda y subió apurado. Se sentó frente a la puerta trasera en un asiento alto.

martes, noviembre 22, 2005

CENIZA EN LA VOZ

El vaso estaba hasta la mitad. La botella acabada yacía muerta y sin pulso a una orilla de la mesa, la que tenía una leve inclinación. La pared estaba llena de escritos obscenos y de chistes, manifiestos y poemas, juramentos de amor eterno, la cruel magia de cupido emanaba en cada esquina del sucio lugar. Encendí un cigarro. Observé el extremo encendido con detenimiento y admiración. Era el último que quedaba en este pequeño planeta sin luz ni vida. El aire estaba en un color azul intenso y los que permanecíamos ahí lentamente moríamos, un último respiro y el vaso en la boca era nuestro epitafio, aunque el mío agregaba un par de palabras: No molestar. En esa dulce agonía, con la locura y la muerte observando nuestros tragos decidí levantar la cabeza. El lugar estaba lleno de tristeza, la pena y el dolor caían pesadamente sobre las cabezas de los presentes, la monotonía se paseaba por cada una de nuestras mesas. Todo parecía perder un poco el equilibrio y la paciencia entre copa y copa. Muchos se olvidaban que las sillas no tenían respaldo y caían al suelo sin poder levantarse. El aire se hacia cada vez más pesado y en nuestras vidas algo faltaba, algo se había escapado, el sabor de la victoria corría mas rápido que nosotros y en el baile éramos los únicos invitados, sin música mas que la melancolía de una obra de Sibelius, entre el llanto de una realidad cimentada en unas cuantas copas de vino barato, nacía el sol en un lejano horizonte, rayos de luz que no nos pertenecían en medio de tanta oscuridad, entre sueños rotos esparcidos por el suelo. Tomé el vaso y lo llevé hasta mi boca. El color del vino era transparente, mas puro que todas las almas que vagaban perdidas por ahí, su sabor era fuerte y se hacia sentir. Anulaba la conciencia y hacia olvidar. Los recuerdos eran pequeños dibujos que se movían de un lugar a otro de la mesa la que seguía el ritmo de la música y de las copas, el sonido de la desesperación y la falta de un antídoto. Los ojos se hacían cada vez más pesados y la vista desfigurada por un leve letargo de las imágenes que permanecían inmóviles junto al polvo y la agonía. Nadie hablaba. Apenas nos mirábamos. El sonido de un reloj en su movimiento interminable era para muchos su única compañía. El vino seguía allí, el mundo entero seguía allí indiferente y distante en su ritmo antagónico. Afuera las estrellas vagaban inconsolables por su destino. Ahí dentro no había nada que hacer más que encomendarse al sufrimiento y a la soledad. Derrotados en nuestras mesas con una botella de vino como medicina, intentábamos recordar u olvidar, los que no lo conseguían, bebían con desesperación directamente de la botella. Un tipo alto bebía muy rápido. Continuamente miraba el reloj y golpeaba suavemente el suelo al ritmo de una canción que murmuraba. Cada uno de los dedos de la mano derecha se movían imitando la suavidad de un pianista. Muy poco levantó la cabeza y observó a su alrededor. Intentaba dirigir una orquesta, parecía triste.

martes, noviembre 08, 2005

EL MUNDO LADRA CON FURIA

El tiempo se sentía en los continuos cambios de posición de mi cuerpo, mi pie no dejaba de moverse en un nervioso y distraído movimiento. El sol permanecía en su órbita y giraba sin agotarse en su trayecto aburrido e indiferente. La luna al menos lo había logrado, permanecía inmutable y respiraba. Un perro ladraba con furia, el mundo entero ladraba con furia y pedía algo de comer, yo simplemente observaba. Era difícil concentrarse en algo. La música del taladro y el cemento era una especie de sinfonía dictatorial a la que estabamos sometidos, era como escuchar a Wagner y a Handel juntos, o incluso peor que eso. La sala parecía una cárcel de color amarillo triste y tenia a olor a mentira y a Universidad con fines de lucro. Los sueños permanecían estáticos junto al polvo. La mente se iba oscureciendo y la originalidad se diluía lentamente como la alegría en un día nublado. La cinta del documental comenzó a girar y las primeras imágenes asomaron distraídas, ¿o era yo el que estaba distraído? Traté de mirar la pantalla, pero no había traído las ganas, los lentes ni el tercer ojo. Después pensé en El capital de Marx, me acordé de Lennin y de que las armas son necesarias tarde o temprano, y del libro de Stalin, leído hasta la mitad, que mi hermano tiene en el velador. Medité en la muerte de Hemingway. Las imágenes del documental llenaban todo el lugar y el hastío se hacia sentir sobre nuestras cabezas. Mis pensamientos andaban de un lugar a otro sin descanso con una hiperactividad extrema, como a doscientos cuadros por segundo. La cinta había sido varias veces usada y de repente tendía a aparecer esa línea que borra un poco la imagen y que esta presente en los videos que uno vuelva a ver una y otra vez. Un tipo con un traje de época hacia girar una especie de juguete y los caballos, simples dibujos en un papel, giraban incansablemente produciendo que la imagen tomara vida. En la sala todos lentamente moríamos o por lo menos deseábamos estarlo. Algunos en un acto de fe le pedían a Dios, a Buda, a Hare krishna, a Malcom X que terminara con todo de una vez, que viniera un tornado y se llevara todo, incluido el aburrimiento y el ritmo antagónico del horario de clase. La forma en la que estaba construido el documental no me convencía, la forma en que estaba construida la vida, tampoco. Era como ver a Los Pincheira o a Hippie tratando de encajar en un periodo de la historia, era inverosímil, era como ver aun grupo de jóvenes tomando cerveza en la playa en vasos. Es como para preguntarse:¿ algo anda mal? Por lo menos, siempre existe la opción de cambiar el canal o apagar la tele, yo me voy por la opción b y me declaro incrédulo. Al final tenia que escribir un ensayo sobre lo que había visto, así que me dispuse a hacerlo. Escribir era una tarea fácil, sonar inteligente era lo complicado del asunto. Después de un rato terminé la misión encomendada, se hacia tarde y el mundo seguía como siempre, seguía ladrando con furia y yo también, estaba un poco más viejo y tenía sueño, así que me acosté y puse el disco compacto del Requiem de Brahms. Era como asistir a mi propio funeral, por primera vez era puntual en algo.

DOCUMENTAL NOW

La noche caía pesadamente. La respiración era lenta y constante, los ojos se perdían entre sueños que resbalaban por las paredes y se esparcían rotos por el suelo. Era otoño, era tarde y yo esperaba. Me senté en el escritorio frente al computador, respiré profundo y miré la ampolleta que parpadeaba como una estrella, frágil en su inocencia y en su inmedible belleza carente de luz. Observe la vida y ella me miraba de lejos con un aire de triunfo, adopté posición de combate y disparé dos tiros al aire en señal de advertencia, no me iba dejar abatir fácilmente. Los minutos pasaban, el reloj continuaba con su monotonía y su indolencia, giraba en su eje de aburrimiento eterno. Apagué la tele y coloqué un poco de música. Los acordes irrumpieron intempestivamente y perdí un poco el hilo de la conversación conmigo mismo. Bostecé y miré el diario, volví a bostezar aun más, y decidí perder mi tiempo en algo mejor. Una flor de plástico colgaba de la pared y la luz que golpeaba indirectamente sobre su tallo la asemejaba a un cuadro que desbordaba tristeza y compasión como a la obra de un pintor aficionado e inexperto. Y pensé en que siempre tengo pena en los momentos equivocados. Apague la luz y el único reflejo que se percibía era la pantalla del computador, me saqué los lentes y los puse junto al teclado, pasé lentamente mi mano por mis ojos y los cerré con fuerza durante un par de segundos, los abrí y el mundo seguía igual, pero un poco más borroso y distante. Bostecé otra vez y prendí la tele, volví a bostezar una vez más, y decidí perder mi vida y mi tiempo en algo mejor o en algo peor, la idea era seguir viviendo o respirando. El sol comenzaba a aparecer y salía de su letargo un poco cansado por las actividades del día anterior, no hacia nada más que observar. Afuera el viento azotaba los árboles con arrogancia, con su suave perfume y su alma errante. Debía escribir. Escribir resultaba fácil, pero sonar inteligente era un problema con dos incógnitas y sin solución. Y me acordé del documental “Now” y la cinta comenzó a avanzar en mi cabeza como en un cinematógrafo. Policías blancos con su traje azul y sus bastones intentan dispersar a golpes a personas de color que van marchando. Las imágenes se combinaban perfectamente al ritmo de la música que suena sin detenerse, imprimiendo realismo y movimiento a las imágenes, estáticas en un comienzo. Las fotografías se cortan en planos y se descomprimen produciendo el efecto de múltiples tomas e imágenes en una sola, logrando un mayor nivel de drama y de cercanía. El sufrimiento de las personas de color es reflejado en cada toma y se reafirma el contenido de las escenas con la letra de la canción, que suena constante y que sirve de apoyo al mensaje que entregan las imágenes, lo que hace aun más real, certero y original el contenido. Entregar el nivel de información de la noticia en términos de forma resulta mucho más llamativa, capta la atención de las personas y posibilita la entrega de la noticia de una forma diferente, que es sobretodo digna de aprobación y admiración, en un mundo triste e indiferente donde la originalidad es un bien escaso con peligro de extinción, con un cartel en el cuello que dice se busca. Y recordé un libro de un africano que fue llevado esclavo a Estados Unidos que yo terminé en el baño, como a las tres de la mañana, el verano pasado. El autor era el mismo que había escrito la biografía de Malcom X, y era un poco más racista que esos policías blancos con traje azul. Las ironías de la vida y la ley del taleon como mandamiento principal. Y además pensé en un cuento de Cortázar que habla de un fotógrafo que toma una foto de una mujer y un niño. La mujer intenta seducirlo para un hombre que espera en un auto leyendo el diario. La foto en su casa toma vida y se llena de movimiento y cuenta una vez más la misma historia, la escena se repite y el fotógrafo observa estupefacto. Punto final. Terminé de escribir, era de día y nuevamente bostecé e intente vivir, pero bostece aun más, y decidí perder mi tiempo en algo mejor.